El alma de Moira

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Al día siguiente me desperté muy temprano, mi taxi me esperaba en la puerta del caserón, y emprendimos rumbo hacia Delhi, llegamos al centro de salud dos horas después, el tráfico había colapsado todo el centro de la ciudad, como la última vez le dije al taxista que me esperara fuera, al entrar en el centro de salud comenzó a hacerse un nudo en mi estómago, que se hacía cada vez más grande, llegando a colapsar también mis pulmones hasta el punto de hacerme difícil respirar, la consulta estaba a rebosar, me sobrecogió ver que había más niños que la vez anterior, parecía que había algún brote de gripe o gastroenteritis, me quede de pie, frente a la consulta, ya que, no tenía ninguna hora predeterminada, tan solo esperaba no estar largas horas allí, pero me equivocaba, el calor se hizo insoportable, pero no quería que saliera Aakil y que se marchara sin poder hablar con él, así que permanecí quieta, con la mirada perdida en aquella desalentadora puerta y con la mente muy lejos de aquel lugar de llantos y pobreza, algunos niños estaban muy sucios, pero sus madres los acunaban con cariño y les intentaban sacar una sonrisa a pesar que no tenían la medicación adecuada para que se encontraran mejor, eran personas muy fuertes pensé.

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Novela el alma de Moira

Los sueños siempre se cumplen, si no puedes en esta vida inténtalo en la siguiente, tienes toda la eternidad…

Parecía que iba a ser otro de esos agónicos días en los que no ocurre nada, hace meses que tan solo se escuchaba el leve sonido del viejo reloj del pasillo, no es que no lo hubiera quitado bien a gusto, pero era demasiado pesado y pensé que mi paso por el piso iba a ser algo corto para emprender semejante hazaña, era de madera maciza, parecía muy antiguo, sus agujas de hierro fundido parecían haber sido labradas por el mejor de los orfebres, sus manos debían tener la precisión de un dios para poder esculpir en tan reducido espacio algo tan bello y delicado, era una auténtica obra de arte, aunque algo rococó para mi gusto. La decoración era del anterior dueño, un hombre ya bastante entrado en años, que no valoraba su vida como cuando su mujer estaba a su lado, no tenían hijos y ella era todo lo que necesitaba. No me gustaría ser una viejecita y estar sola, pensé. Lo cierto es que tampoco esperaba acabar en un piso así. Hace dos años, Parecía que iba a ser otro de esos agónicos días en los que no ocurre nada, hace meses que tan solo se escuchaba el leve sonido del viejo reloj del pasillo, no es que no lo hubiera quitado bien a gusto, pero era demasiado pesado y pensé que mi paso por el piso iba a ser algo corto para emprender semejante hazaña, era de madera maciza, parecía muy antiguo, sus agujas de hierro fundido parecían haber sido labradas por el mejor de los orfebres, sus manos debían tener la precisión de un dios para poder esculpir en tan reducido espacio algo tan bello y delicado, era una auténtica obra de arte, aunque algo rococó para mi gusto. La decoración era del anterior dueño, un hombre ya bastante entrado en años, que no valoraba su vida como cuando su mujer estaba a su lado, no tenían hijos y ella era todo lo que necesitaba. No me gustaría ser una viejecita y estar sola, pensé. Lo cierto es que tampoco esperaba acabar en un piso así. Hace dos años,

Novela el alma de Moira.

EL SUEÑO QUE CAMBIO MI VIDA

Una nueva mañana se hace eco ahí fuera, es un día nuboso que anuncia la llegada del otoño y me digo en voz muy bajita: “seguro que va a ser increíble”, soy muy supersticiosa y no me gusta augurar buenas cosas, sobre todo si la mayor parte de ellas me han salido rana, pero esto, esto es diferente, lo vuelvo a repetir una y otra vez hasta que me lo creo y, realmente pienso que ese sueño que me cambió la vida se hará realidad.
Era otra de esas noches en las que me encontraba sumida en la vergüenza y la desolación, sumida en un mar de lágrimas, en el que cada vez ahondaba más y más profundo, y cada vez me costaba más y más respirar, así que alargué la mano y saqué de mi cajón una caja de pastillas de la muerte, como las llamaba yo, que me dejaban atrapada en una realidad paralela, en un sueño muy profundo que subsiste entre la vida y la muerte, un limbo en el que descanso cuando la ansiedad me oprime el pecho tan fuerte que me gustaría caer, caer y caer hasta dejar de sufrir. Me costó relajarme y dormir, pero, finalmente la medicación hizo efecto y quede embriagada por la sutileza de Morfeo, dios del sueño, quien me acogió en su eterno reino, en el que mi cerebro volvió a hacer de las suyas y comenzó a fabricar un sin fin de sueños, pero esta noche, algo había cambiado. Pero de eso, me daría cuenta al despertar.
Estaba en un angosto paraje, no podía distinguir las formas que me rodeaban, había una gélida neblina que no me dejaba ver más allá de mis pies, cuando vi en la lejanía, a pesar de la niebla, un destello fugaz, un rayo cuya luz descendía veloz sobre el horizonte hasta que se extinguió fugazmente y, de repente, escuche un leve golpeteo que se convirtió en un fuerte y sonoro estruendo, pero….no sentí miedo. Me acerqué hacia dónde provenía el ruido, la niebla comenzó a disiparse lentamente y poco a poco mis ojos contemplaron una gran manada de yeguas encabezada por un gran semental cuyo pelaje castaño brillaba con el cálido resplandor del sol, haciendo su pelaje rojizo como el fuego. La niebla se extinguió por completo dejando el sol desnudo ante mis ojos, cuyo esplendor se magnificaba en el acantilado que resurgía ante mis ojos dejándome atónita. Las caballerizas pasaron junto a mí como una tormenta del desierto, una nube de arena y polvo cegaron mis ojos, todo mi cuerpo se estremeció, pero…no sentí miedo. Pasó la última de las yeguas. Tenía una hermosa capa alazana, la seguía a duras penas un potrillo que por la manera de seguir a su madre diría que había nacido hacía muy pocos días, un precioso ejemplar de color castaño, como su padre pensé, percibí sus grandes ojos negros y redondos y sus orejas erguidas y como me observaban de reojo con mucha atención mientras se alejaba.

Novela el alma de Moira

«No importa lo ocupado que piensas que estas, debes encontrar tiempo para leer, o entregarte a una ignorancia autoelegida». Confucio.

Ese reloj se ha vuelto a estropear, ¿son las tres de la tarde?, ¿fuera estará oscuro? O quizá la persiana esté bajada y sea de día. Me incorporo e intento encender la lámpara, pero no funciona. Me levanto, busco a tientas el mechero del cajón de mi mesilla y me dirijo hacia la caja de fusibles, probablemente sea lo único que entiendo de electricidad, pero para mí suficiente. Para mi sorpresa se encuentran todos hacia arriba, como debe ser, también me sorprende lo rápido que he bajado al sótano, no me han crujido las rodillas, ni he tropezado en las escaleras. De repente, todos mis sentidos se centran en la parte más oscura y sombría, y a la que procuro no acercarme ni de día porque siempre he notado un escalofrío cuando estoy cerca, me parece que hay algo oculto en su interior, pero hoy, en este preciso momento, esta noche o este día, he visto como algo se ha movido allí, si, no es mi imaginación, sé que no lo es, debo guardar la calma, a pesar de tener como única arma un mechero que no puedo encender por más tiempo porque me abrasa los dedos, ya no puedo más, el pánico se apodera de mis músculos, intento correr, subir las escaleras, pero no puedo, algo me paraliza, me atrae hacia la oscuridad, intento gritar, pero una fuerza extraña ha congelado también mis cuerdas vocales, intento gritar de nuevo, una y otra vez, pero mi voz no aparece, sigue atrapada en mi garganta, miro hacia atrás y lo veo, esa cosa que me acecha, día tras día, está aquí de nuevo, esta vez ha llegado demasiado cerca, puedo notar su respiración, la siento más cerca que nunca, puedo imaginarme sus formas. Mis pupilas tardan en adaptarse a la oscuridad, pero puedo sentir, Oh!, no puede ser, ya está aquí…

El alma de Moira

LA DESTRUCCIÓN DE UN ALMA.

Los pensamientos oscuros se esfuman en la mañana, en una simbiosis con las pesadillas nocturnas; hay que esperar al amanecer, al frescor de un nuevo día, espera y espera y antes de rendirte espera un poco más.
Al fin, si, un nuevo día, otro cálido amanecer de este tardío verano, pero yo aquí sigo, sumida en remotos recuerdos a los que, incluso yo, que he vivido, me cuesta recordar. ¿Cómo es posible que me embriague la añoranza en un día así?
Oigo fuera los pájaros, y unos niños jugando.

Parece que están discutiendo por un balón, casi sin saber ni hablar, y no puedo evitar esbozar una sonrisa, pero, maldita de mí, pronto vuelve el lamento, sí, veo la luz, siento el calor, oigo las risas, pero fuera, siempre fuera, y vuelvo a apiadarme de mi misma.
Hace cinco minutos, antes de escuchar a esos niños, me prometí que no lo haría, pero aquí estoy, de nuevo, y vuelvo a recaer y me digo a mi misma: “mañana será otro día, igual de cálido que hoy”, y en un largo sollozo me vuelvo a dormir.
Me despierto sobresaltada, habrá sido otra pesadilla, miro el reloj, aún son las dos de la madrugada, ¿aún? Llevas durmiendo once horas y otras tantas en la cama lamentándote, pienso para mí.

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Novela

Cuando llegue a casa de Jacob y Moira descubrí asombrada que se trataba de un bloque de apartamentos grisáceos, que en un pasado debían de ser de un color blanco, ya que parecían haber sido desteñidos por el paso de los años a la intemperie, expuestos al viento y al sol.

Aparentemente eran fríos y no observé ningún parque en los alrededores, ni siquiera un jardín o un alcorque con algún tipo de árbol para adornar la acera.

No me imaginaba a Moira viviendo en un lugar así.

El portal se veía moderno, demasiado para mi gusto, estaba pintado de un chillón color rojo y la numeración había sido diseñada con unos grandes números de unos treinta centímetros de largo, siendo muy gruesos y de un color negro que resaltaba con el color del portal. Me temblaba todo el cuerpo, se me habían juntado los escalofríos que sentía por la baja temperatura y mis aflorados nervios por el viaje, y el imaginarme la mera presencia de Jacob, que arrollaba todas las ideas del interior de mi cabeza como si se tratará de un tren descarrilado atropellando sin piedad todos mis pensamientos y no hacía más que acrecentar una ansiedad que pensaba que había logrado olvidar.

Cuando estaba con Jacob mi mente encajaba todas sus palabras, las anclaba y guardaba recelosamente en los archivos de mi cerebro anulando toda capacidad de procesar mis propias ideas y mucho menos de que pudieran salir por mi boca, se quedaban en mi garganta como esperando que mi mente diera la orden para poder escapar, para que mi garganta pudiera expulsarlas una a una en un estallido de mi voz, o, tan solo el poder gesticular, con una leve afirmación de mi cabeza me hubiera conformado, pero nada. Siempre había estado April conmigo y podía esconder mi alarmante estupidez, ella hablaba mucho y no se notaba si yo me encontraba muy callada, pero hoy se suponía que íbamos a estar solos y me iba a tener que esforzar un poco más.

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Novela el alma de Moira

La vida secreta de Moira

Erik sin decir una palabra, abrió un cajón de su escritorio y saco un libro, cuando me lo dio, lo observé con atención, era un álbum
de fotografías, me dijo que pasara a las últimas páginas y pude ver que en muchas de ellas se encontraba él, y por supuesto Moira, se quedó mirando con melancolía una de ellas, y me señaló una en concreto, allí estaba Moira, como siempre haciendo el tonto y riendo, llevaba unas vestimentas típicas de aquí, incluso parte de su pelo estaba tapado por una tela de
colores muy vivos, parecía tan feliz, pensé. Al levantar la vista vi que Erik tenía la mirada perdida, como ausente, al ver que lo estaba mirando, salió de su embrujo y me dijo con un suspiro que
se acordaba de ella todos los días, no había un solo día en el que no sacara el álbum de fotografías para admirar la belleza y la alegría que Moira le transmitía, me confesó que se alegraba de que hubiera decidido venir, había estado esperando poder
desahogarse con alguien cercano a ella, y admiraba mi valentía siendo que hacia tanto tiempo que no mantenía una relación
cercana con ella. Me extraño que Jacob no me hubiera hablado de Erik, quien parecía ser muy amigo de Moira y no entendía
como no habían hablado de todo esto cuando Jacob visitó la ONG.
Intente memorizar cada fotografía, cada detalle, cada rincón y, sobretodo cada una de las personas con las que mi amiga salía en cada una de ellas, Jacob había viajado hasta allí y su pena había
nublado toda posibilidad de encontrarla, no podía permitir que me pasara lo mismo, no podía fiarme de ninguna persona por
amable que me pareciera, ni mis lágrimas iban a turbar la
posibilidad de reconocer el más mínimo detalle que pudiera hacerme dar con ella.

Devendra

Novela

El alma de Moira

Estuvimos charlando mucho tiempo, sin darnos cuenta de que el reloj iba corriendo, pero ambas estábamos disfrutando de la
conversación, cada una le contaba su vida a la otra, cada una
mostraba las cosas que admiraba de sus ciudades, aprendí mucho de Devendra, su vida no había sido fácil, cuando era pequeña había perdido a su hermano en un accidente, y sus padres no
habían llegado a superarlo nunca pero, ella era una persona muy positiva e intentaba ver las cosas bellas que tiene la vida porque,
según ella, hay que seguir viviendo, no hay otra manera de aprender, al igual que un examen solo lo apruebas abriendo un libro, porque haciendo pellas, jamás lo aprobaras, la vida es algo
así, si te quedas a mitad de camino y no llegas al final, no podrás aprender y examinarte, tendrás que volver de nuevo para
enfrentarte a la recuperación hasta que consigas los
conocimientos suficientes para completarte como persona.

Para Devendra eso era la vida, y cuanto antes la comprendiera, menos
veces tendría que superar el examen, lo que intentaba explicarme era que ella creía en la reencarnación, en mi país muchas personas la hubieran tachado de excéntrica y extravagante pero, si la escucharan seguramente cambiarían su parecer, para sus quince años y, la mitad de ellos ayudando a sus padres y trabajando de sol a sol sin queja alguna, hablaba como una persona de cien, quizá tuviera razón y, no fuera esta su primera vida, pensé, todavía con la incredulidad hacia las palabras que mi
nueva amiga me estaba regalando. Aprendí mucho de ella y, sobretodo admiraba su positividad.
Quede con Devendra en que bajaría más días al comedor para poder charlar con ella.

Novela el alma de Moira

Capítulo
La vida secreta de Moira

Erik sin decir una palabra, abrió un cajón de su escritorio y saco
un libro, cuando me lo dio, lo observé con atención, era un álbum
de fotografías, me dijo que pasara a las últimas páginas y pude
ver que en muchas de ellas se encontraba él, y por supuesto
Moira, se quedó mirando con melancolía una de ellas, y me
señaló una en concreto, allí estaba Moira, como siempre
haciendo el tonto y riendo, llevaba unas vestimentas típicas de
aquí, incluso parte de su pelo estaba tapado por una tela de
colores muy vivos, parecía tan feliz, pensé. Al levantar la vista vi
que Erik tenía la mirada perdida, como ausente, al ver que lo
estaba mirando, salió de su embrujo y me dijo con un suspiro que
se acordaba de ella todos los días, no había un solo día en el que
no sacara el álbum de fotografías para admirar la belleza y la
alegría que Moira le transmitía, me confesó que se alegraba de
que hubiera decidido venir, había estado esperando poder
desahogarse con alguien cercano a ella, y admiraba mi valentía
siendo que hacia tanto tiempo que no mantenía una relación
cercana con ella. Me extraño que Jacob no me hubiera hablado
de Erik, quien parecía ser muy amigo de Moira y no entendía
como no habían hablado de todo esto cuando Jacob visitó la ONG.
Intente memorizar cada fotografía, cada detalle, cada rincón y,
sobretodo cada una de las personas con las que mi amiga salía en
cada una de ellas, Jacob había viajado hasta allí y su pena había
nublado toda posibilidad de encontrarla, no podía permitir que
me pasara lo mismo, no podía fiarme de ninguna persona por
amable que me pareciera, ni mis lágrimas iban a turbar la
posibilidad de reconocer el más mínimo detalle que pudiera
hacerme dar con ella.

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